Los padres deben percatarse de las
señales de estrés persistentes en su hijo o en sus
hijos. Los niños pequeños pueden reaccionar al divorcio
poniéndose más agresivos, rehusándose a cooperar
o retrayéndose en sí mismos. Los niños mayores
pueden sentir mucha tristeza o experimentar un sentimiento de pérdida.
Los problemas de comportamiento son muy comunes entre estos niños
y su trabajo en la escuela puede afectarse negativamente. Ya sea
como adolescentes o como adultos, los hijos de parejas divorciadas
a menudo tienen problemas en sus relaciones y con su autoestima.
Los niños tendrán menos problemas
si saben que su mamá y su papá continuarán
actuando como padres y que ellos los seguirán ayudando aún
cuando el matrimonio se termine y el padre y la madre no vivan juntos.
Las disputas prolongadas acerca de la custodia de los hijos o la
coerción a los niños para que se pongan de parte del
papá o de la mamá les pueden hacer mucho daño
a los hijos y pueden acrecentar el daño que les hace el divorcio.
Las investigaciones demuestran que los niños se desarrollan
mejor cuando los padres tienen la capacidad de cooperar para su
bienestar.
La obligación continuada de los padres
por lograr el bienestar de los hijos es vital. Si el niño
muestra indicios de estrés, los padres deben consultar con
su médico de familia o con su pediatra para que los refiera
a un siquiatra de niños y adolescentes para que le haga una
evaluación y les dé tratamiento. Además, el
siquiatra de niños y adolescentes puede reunirse con los
padres para ayudarles a que aprendan qué hacer para que el
estrés del divorcio sea más fácil para toda
la familia. La psicoterapia para los niños de una pareja
divorciada y para los padres divorciados puede ser de gran beneficio.
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